Son palabras que aparecen en las redes, sobre temas de salud, bienestar físico, mental, emocional y espiritual, con bastante frecuencia.

La psiconeuroinmunología (PNI-E) es la síntesis entre lo mejor de la medicina alopática o convencional, basada en la evidencia científica, y lo mejor de la medicina basada en la persona. Es una manera de mirar más amplia que contempla las relaciones entre los diferentes sistemas: el inmunológico o de defensa, el hormonal, el digestivo, el neurológico, el psicológico y el sociológico. No es una medicina alternativa ni se opone a la medicina alopática. Ambas se complementan y se enriquecen mutuamente.

 

¿Qué trata la medicina convencional?

Trata las patologías orgánicas graves que requieren distintos tratamientos médicos o quirúrgicos. Es importante reconocer primero si hay algún órgano dañado o alterado, lo que se llama «red flags» o banderas rojas. Vamos a detallarlas aquí:

  • Dolor de aparición súbita e intensa. Podría ser un dolor de cabeza repentino y severo en personas sin antecedentes similares. Puede indicar eventos neurológicos agudos y requieren estudio.
  • Dolor nocturno que no remite con ninguna intervención. El dolor persistente durante el descanso nocturno sin alivio espontáneo ni con medicamentos de tipo analgésico puede ser indicativo de afecciones serias que hay que estudiar.
  • Deterioro rápido del estado general. Cambios notables en el aspecto físico general, como pérdida acelerada de peso, mal aspecto o tinte amarillento de la cara, o cansancio general.
  • Alteraciones neurológicas agudas. La aparición súbita de vértigo, ruidos en los oídos, pérdida de sensibilidad, visión borrosa o desorientación debe ser estudiada para descartar lesiones o accidentes cerebrovasculares.
  • Hemorragias inexplicadas. Los vómitos o hemorragias en las heces u otras vías (urinaria, genital o por esputo) se deben estudiar.
  • Fiebre persistente o inexplicable. Más de 7 días de evolución sin foco o causa que lo explique.
  • Pérdida de peso no justificada. Sin causa aparente, que no sea por dieta o cambio de tipo de alimentación.
  • Cansancio y fatiga profunda. Sin causa que lo justifique, como la realización de ejercicio intenso o extenuante.
  • Presencia de masas o bultos de nueva aparición. Para descartar procesos tumorales o inflamatorios persistentes.
  • Anomalías en patrones fisiológicos con cambios drásticos o persistentes. Tanto en el tránsito intestinal como en el patrón de sueño, la función urinaria o sexual sin causa aparente requieren evaluación médica.

La detección y adecuada respuesta ante estas banderas rojas constituyen un principio básico en el proceso diagnóstico inicial. Es seguro y responsable hacerlo. Solo una vez descartadas las patologías de alta severidad, el profesional podrá intervenir de manera más funcional o desde la medicina integrativa, ajustándose a cada caso en particular.

 

La importancia de los elementos psicosociales o de contexto

Además, puede haber elementos que contribuyan a la persistencia o exacerbación de los síntomas. En estos casos, el abordaje clínico debe contemplar estos aspectos:

  • Las creencias negativas sobre la enfermedad.
  • Los miedos al movimiento o a tomar ciertos alimentos.
  • Las alteraciones del estado de ánimo, como la ansiedad o la depresión.
  • El aislamiento social.
  • Los conflictos en el ámbito laboral.
  • Los beneficios secundarios derivados de la enfermedad.
  • La dependencia sin asumir responsabilidades.
  • Las expectativas bajas sobre el proceso de recuperación.

Todos ellos deben ser identificados y valorados para tener una visión más completa y realista de la situación del paciente.

La medicina integrativa se trata a la persona, no a la enfermedad

Los mensajes de «luz verde»: ¿cuáles son y cómo influyen en la respuesta del paciente al tratamiento?

Es un proceso en la comunicación con el paciente hacia la posibilidad de resolución, reconociendo su estado actual y proporcionándole las explicaciones necesarias sobre su disfunción. Aquí ya se establece el diagnóstico de la alteración funcional y se le ofrece un abordaje con un pronóstico a medio o largo plazo. Suele ser un escenario dinámico, en el que la persona empieza a visualizar un proceso gradual de transformación y mejora. Además, se le advierte sobre posibles reagudizaciones o dificultades en el camino.

En pacientes que han convivido durante largo tiempo con síntomas, es especialmente relevante transmitirles la posibilidad de que, a pesar de los años de sufrimiento, la recuperación puede acontecer en uno o dos años. Esto resulta profundamente motivador y lo agradece el propio paciente.

Se necesitan varios elementos necesarios e imprescindibles para comunicar «luz verde»:

  • Dar las explicaciones necesarias.
  • Empoderar al paciente para que sea responsable de su curación.
  • Facilitar diversas herramientas para manejar sus síntomas, no solo físicos, sino también mentales y espirituales: analgésicos, visualizaciones, meditaciones, respiraciones profundas…
  • Comprender la curación como un proceso dinámico y realista.
  • Advertir de las dificultades, además de las ganancias de encontrarse con salud.

Se establece una relación terapéutica en la que el conocimiento profundo de los mecanismos de acción por parte del profesional se encuentra con la vivencia del paciente, generándose una interacción equilibrada y dinámica que es fundamental para la evolución del proceso.

La medicina integrativa puede intervenir para abordar disfunciones y así restaurar el equilibrio físico, mental, emocional y espiritual de la persona.

Esto precisa de un proceso basado en una entrevista clínica completa para comprender los mecanismos que han dado lugar al síntoma de una manera transversal e intuitiva, lo que le mejora o le empeora.

Para restablecer la salud de manera integral y personalizada se utilizan diferentes herramientas: la comprensión profunda, las recomendaciones nutricionales, los complementos alimenticios, la prescripción de ejercicio físico, la terapia emocional o la regulación del sueño, entre otros. Cada herramienta será utilizada cuando sea conveniente para la normalización de los síntomas del paciente y de manera consensuada.

En la medicina integrativa, se trata a la persona, no a la enfermedad, y lo que cada uno necesita o no, dependiendo de su mecanismo de acción o puesta en marcha de dicho síntoma. Se trata como un todo, con un enfoque más biológico, psicológico y social. Produce una transformación personal que incide en todos los aspectos del paciente, que va haciendo sus cambios acompañado de un profesional, formándose hábitos saludables y encontrando el bienestar físico, mental, emocional y espiritual.

Si te ha resonado algo de lo que hay en este artículo, estaré encantada de acompañarte en este proceso.