¿Tienes que lidiar todos los días con las mismas cosas, sin gestión, organización ni respeto al propio ritmo de la persona? ¿Has sufrido síndrome de burnout o desgaste profesional?
Esto es una respuesta al estrés crónico laboral, que se caracteriza por tres síntomas principales: agotamiento físico-mental, despersonalización y sensación de falta de realización personal.
La OMS (Organización Mundial de la Salud) lo define como el resultado del estrés crónico en el lugar de trabajo que no se ha manejado con éxito.
Claro, el trabajo, ocupa una parte muy importante de nuestra vida. Además, nuestra mente relaciona el trabajo con la «supervivencia», lo que provoca más sufrimiento y ansiedad si no lo gestionamos bien.
Pero existen, también, ambientes laborales estresantes, con mucha presión, donde surge la falsa idea de que no tienes las suficientes herramientas o la madurez para gestionarlo. Realmente, muchas veces, tu cuerpo te está dando a entender que ese ambiente es antinatural y esa no es la mejor manera de trabajar. A esto se añaden emociones como la culpa o la ansiedad. Es importante identificarlas, gestionarlas y asumir responsabilidad, que no culpa, en esta situación, para poder salir del papel de víctima y empoderarse, creciendo como persona y como profesional.
Muchos profesionales lo están viviendo ahora, en este siglo XXI. El último informe de la PAIME (Programa de Atención Integral al Médico Enfermo) indica que hay un aumento progresivo de la incidencia de médicos jóvenes, por debajo de los 30 años, que demandan asistencia en este u otros programas de atención al profesional en los Colegios de Médicos de toda España.
¿Cuáles son los motivos de este creciente aumento de demanda de asistencia profesional?
Los profesionales son asistidos por problemas de estrés crónico y de salud mental, como ansiedad, insomnio, depresión, angustia o crisis de pánico. Además, pueden aparecer dolores de cabeza, cuello o espalda, síntomas digestivos, incluido el SIBO (sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado) o el síndrome de intestino irritable. En definitiva, un agotamiento físico y mental que se produce en sus lugares de trabajo y que se extrapola a sus vidas cotidianas.
Esto es la punta del iceberg, porque el estrés laboral y el burnout provocan muchas enfermedades alérgicas, autoinmunes, digestivas, neurológicas, mentales, con alteraciones del ánimo y también con desconexión a nivel espiritual, olvidando el sentido de lo que hacemos y de nuestra vida. Así, aparecen los vacíos, que se llenan con comida, compras compulsivas o adicciones a drogas.
¿Hemos normalizado vivir con estrés continuo?
¿Y si hubiera una vida sin tanto estrés o que este solo se diera de manera puntual o aguda? Como nuestros antepasados, los cazadores recolectores, que pudieran, con la caza y la búsqueda de alimento, liberar esas hormonas de estrés y llegar a momentos de calma y de paz. Podemos conseguir esto tomando conciencia de cómo estamos y cómo nos sentimos.
Voy a ser sincera: yo también viví un estrés prolongado en el tiempo, que hizo que me replanteara muchas cosas. Tuve que parar y tomarme un tiempo para poder estar bien y retomar mi vida de otra manera más sana y feliz.
Me acostumbré a trabajar a un ritmo aceleradísimo, fruto de la sobrecarga, y a sobreadaptarme para trabajar en entornos muy duros, con circunstancias severas, de supervivencia. Pensaba que si cambiaba de lugar o de jefe me iría mejor. Como si mi problema «fueran ellos». Y esto se volvía a repetir, no había un cambio o, mejor dicho, una transformación, y las circunstancias cada vez eran más duras y exigentes.
¿A quién no le suena esto?
¿Qué puedes hacer ante el síndrome de burnout o el estrés continuo?
Esto se puede cambiar, primero parando y escuchándose a uno mismo:
- Comprendiendo que el cambio viene desde la persona, a través del autodescubrimiento y el autoconocimiento, conectándose de nuevo a la vida, a la felicidad y al bienestar físico, mental, emocional y espiritual.
- Abriendo nuevos espacios para parar y cuidarse, realizando deporte, siguiendo una alimentación saludable, evitando los ultraprocesados, manteniendo una buena higiene de sueño y tomando el sol a diario. Exponiéndose a él y a los espacios abiertos, buscando el equilibrio entre protección y exposición. Son suficientes unos 10 minutos por la mañana, antes de las 11, en conexión con la naturaleza.
- Teniendo una buena gestión de tus emociones, poniendo límites necesarios e imprescindibles y respetándote los tiempos propios, conciliando con tu familia y amigos.
Cuidarse no es egoísmo, es AMARSE con letras mayúsculas.
Te explico una sencilla técnica de respiración para recobrar la calma
Hagamos un parón, ¿quieres? y veamos cómo estamos ahora mismo.
Te invito a que te pares, hoy, ahora mismo, si puede ser, y te tomes unos segundos para cuidarte y observar cómo respiras, cómo te sientes. Cierra los ojos, si estas en un lugar seguro y puedes. Y siente tu respiración, es perfecta tal y como es.
Coge aire por la nariz en cuatro tiempos, retén el aire unos segundos y expulsa el aire lentamente en 6 tiempos, cada vez más lenta la salida de aire, hinchando tu abdomen o tripa y soltándolo lentamente. Imagina que estás en un bosque o en un lugar de la naturaleza, donde se escucha el sonido de una cascada de agua y de los pájaros. Está amaneciendo y la luz del sol está haciendo su aparición.
Inhala o coge el aire por tu nariz con esa luz dorada del sol y retenla unos segundos para después soltarla lentamente. Te llenas de paz y de calma… Continúa así unos minutos.
Cuando tú prefieras, lentamente, ve abriendo los ojos, dibujando antes una sonrisa en tu cara.
Esto lo puedes realizar siempre que quieras y lo necesites. Te ayudará a recobrar esa paz y calma interior. Por la mañana, antes de poner un pie en el suelo, o por la noche, antes de dormir.
También puedes consultar libros de interés, como «Parar para vivir mejor», del Dr. Javier García Campayo, o «El síndrome de Burnout», del Dr. Carlos Cenalmor, o programas como PAIME (Programa de Atención Integral al Médico enfermo), recurso confidencial y específico, coordinado por la Fundación para la Protección Social de la OMC y gestionado por el Colegio Oficial de Médicos de tu Comunidad Autónoma.
¿Quieres aprender otros recursos para mejorar tu bienestar?
